Trump, ¿genocida?
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Dom, Abr
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Trump, ¿genocida?

Opinión
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* Como los valores se han modificado y es la industria de la publicidad la que determina los estándares de comportamiento, harán prevalecer la importancia de la economía por sobre la vida de esos migrantes que para él nada valen
GREGORIO ORTEGA MOLINA. O les da miedo el uso de las palabras adecuadas para definir su actitud, o los políticos y analistas de EEUU y del mundo se niegan a ver lo que ocurre frente a ellos: el rechazo a un grupo humano que inequívocamente puede conducir al genocidio.

La política racial y la conducta de Donald Trump se manifiesta, ya, en la manera de comportarse de sus gobernados: mensajes en las redes sociales rayanos en la convocatoria al crimen: “No los deporten, mátenlos”; rechazo a ser atendidos por “empleados latinos” en tiendas departamentales y restaurantes, o conformación de listas de candidatos a la deportación y el maltrato, así como la expulsión de escolares y la separación de las familias.
Los ánimos se caldean, producen efervescencia social que modifica conductas y reclamos, favorecidos porque la persecución de latinos se recrudece desde la Casa Blanca.
Si se muestran incapaces de contener la violencia verbal, terrible y humillante, pronto puede <> a la agresión física, al linchamiento y a la petición pública para que se instrumenten políticas similares a las que en Alemania se normaron y reglamentaron legalmente, para desposeer a los judíos de todo, hasta de su personalidad.
Adolfo Hitler ofreció un empleo a cada alemán. Trump acusa a los migrantes latinos, legales o ilegales, de despojar de sus empleos a los estadounidenses. Se cultiva el odio y se incuba el huevo de la serpiente, tal como lo describió Ingmar Bergman en la película con ese título. El reclamo de viva voz conduce al rechazo físico, al maltrato, la humillación y la muerte.
¿Será que esperan que el espejo de la historia les refleje su noche de los cristales rotos para actuar? Hay <> de origen latino exitosos en todos los campos del comercio, la cultura, la industria, las artes, que de continuar como van las agresiones verbales del presidente de Estados Unidos, pronto pueden convertirse en sujetos de reclamo y despojo. La deportación es un camino, la muerte es el otro.
Los anuncios de lo que puede ocurrir son ominosos, pero se niegan a ver cuál es el verdadero origen ideológico, racial y político de ese empeño de la Casa Blanca por hacer de los migrantes latinos el chivo expiatorio perfecto, para justificar y aceptar lo que ya debiera ser rechazado desde el Congreso de Estados Unidos, por lo pronto.
Pero no ocurrirá, como los valores se han modificado y es la industria de la publicidad la que determina los estándares de comportamiento, harán prevalecer la importancia de la economía por sobre la vida de esos migrantes que para él nada valen.
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